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    La sostenibilidad: una nueva manera de mirar, vivir y conectar con el medio ambiente

    VIVOOVD con el cuidado del medio ambiente
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    Tiempo de lectura: 6 minutos

     

    El desarrollo sostenible favorece la prosperidad y las oportunidades económicas, así como un mayor bienestar social y la protección del medio ambiente. En VIVOOD queremos crecer junto a ti, siendo agentes activos de la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Aspiramos a prosperar en el presente, pero sin comprometer los recursos del futuro. En ese sentido, somos conscientes de que urge incorporar en nuestras vidas estrategias y hábitos que favorecen la sostenibilidad, el cuidado del medio ambiente, las prácticas sostenibles y respetuosas con el entorno.

    10 estrategias para favorecer una vida sostenible en el terreno personal y comunitario

    1. Construir una nueva cultura del agua. Gestionar los recursos hídricos de manera óptima es clave para abrir horizontes de futuro sostenible en las diferentes regiones de nuestro país y el planeta. Hay que aplicar medidas de ahorro, eficiencia y reutilización del líquido elemento. Entre ellas, están el fomento de usos de los recursos locales (por ejemplo, pozos), planes para la utilización de las aguas pluviales, normativas de uso del agua en jardinería e impulsar la xerojardinería. También resulta estratégico sensibilizar y educar a la ciudadanía a través de cursos formativos en colegios, institutos y centros culturales. En esa dirección, la administración local puede ser referencia en el ahorro y reutilización del agua. En el ámbito personal, el reto es minimizar el consumo de agua. Aquí van un par de acciones concretas para que te inspiren: aprovecha el agua fría mientras no se regula la temperatura de tu ducha, que puedes emplear para regar las plantas o limpiar tu casa. Si vives en una casa antigua, instala un envase de agua mineral en la cisterna del baño, de esta manera reducirás el consumo de agua por lo menos un 20%, de manera que ahorraréis un litro cada vez que la utilizáis.

     

    1. Impulsar una gestión integral de los residuos, incorporar el compromiso personal con el reciclaje. Se trata de fomentar iniciativas de participación ciudadana y prevención en origen -sobre todo de envases y embalajes-. Si se disponen de plantas de tratamiento y de gestión de residuos, estas deben someterse a una constante mejora respecto a la protección del entorno, lo que se logra a través de depósitos controlados e incineradoras. En el terreno personal, tenemos que reciclar de manera mucho más sistemática. Os compartimos un dato para motivarnos al cambio: España está a la cola de aprovechamiento de reciclaje, según el Eurostat. Cada persona genera 464 kilos al año de productos consumidos, de los cuales solo un 27% son reciclados.

     

    1. Prevenir la contaminación atmosférica y del cambio climático. Asegurar una buena calidad del aire requiere promover un nuevo modelo de gestión urbana (enfocado en la planificación urbanística, transporte, energía, consumo …), sustentado en el compromiso activo de todos los agentes políticos, sociales y económicos. Además, cuando se den episodios críticos de contaminación, hay que minimizar la movilidad y las principales fuentes de contaminación atmosférica en la localidad.

     

    1. Favorecer y desarrollar una nueva cultura energética. Los municipios pueden mejorar la gestión del ciclo energético adquiriendo redes de transporte, gestionando instalaciones productoras, favoreciendo la generación más descentralizada de energía y minimizando las pérdidas generadas por la distribución. En esa línea, el autoconsumo con energías renovables es una alternativa que los ciudadanos podríamos adoptar con más entusiasmo si la administración municipal lo facilitara. También ayudaría que se hiciera pedagogía sobre el valor que ofrecen las nuevas formas de consumo energético. Un ejemplo: en los edificios en los que habitan varias familias, el autoconsumo fotovoltaico para los servicios comunes podría ahorrar muchas emisiones de gases de efecto invernadero.

     

    1. Promover el consumo colaborativo: uno de los modelos que más adeptos gana día tras día. Consiste en prestar, alquilar, comprar o vender productos en función de necesidades concretas de cada usuario y no tanto de beneficios económicos. Representa un cambio de paradigma, que expresa que es posible que el dinero no sea el único valor de cambio para las transacciones. Estas acciones promueven la “experiencia vivida” y el ahorro de costes a un tiempo. Alquiler de alojamiento, intercambio de casas, alojamiento solidario y arrendamiento de coches son algunas de las opciones que presenta esta modalidad.

     

    1. Reutilizar prendas y objetos. El mercado de segunda mano es una excelente opción para disfrutar de productos de garantías a un precio muy atractivo, con el aliciente de que estás contribuyendo activamente a cuidar el medio ambiente. También puedes intercambiar ropa ya usada con familiares y amigos, no sólo cuando se habla de los hijos. Es más divertido reutilizar una prenda modificando algunos de sus detalles o su función. También puedes emplear un mueble con un nuevo enfoque…

     

    1. Compra y consume responsablemente. Se trata de informarse sobre cuál es la composición y el origen de los productos. La industria textil o del mueble, entre otras, han desarrollado malas prácticas a menudo. Puedes emplear tu influencia en el proceso de compra para que las empresas se replanteen su manera de hacer las cosas en su manera de explotar los recursos naturales, cuidar el medio ambiente y tratar con equidad a sus trabajadores. El mensaje es claro: no es más caro si quieres algo de calidad (que te va a durar más tiempo). Entre los principales hábitos de consumo responsable están la compra de comida ecológica, la adquisición de comida de kilómetro cero, el comercio justo… Si en tu tienda habitual te cuesta localizar productos de origen ecológico, comunícaselo y reclama que incorporen este tipo de productos a su oferta.

    1. Evita el uso del plástico siempre que puedas. El plástico está en nuestro día a día, en objetos como envases, bolsas o vasos desechables, y su empleo resulta muy perjudicial para el medioambiente. Para que te hagas una idea: una botella de plástico puede tardar unos 500 años en descomponerse. Por lo tanto, hay que hacer todo lo que esté en nuestra mano para evitar el consumo de plásticos si queremos cuidar nuestro entorno. En esa dirección, puedes eludir el uso de las bolsas de plástico, que en muchas ocasiones empleamos una sola vez. En su lugar, una alternativa muy interesante y reutilizable es que adquieras o emplees una bolsa de tela o una mochila para poder transportar todas tus compras.

     

    1. Empleo de usos de transporte ecológicos. El principal problema de la contaminación derivada de los desplazamientos que ver con el transporte particular. De ahí que debamos limitar su uso y emplear, siempre que podamos, formas de traslado mucho más ecológicas, como el transporte público, cuyo uso emite 3,5 veces menos gases de efecto invernadero por pasajero que los automóviles. En un terreno más personal, la bicicleta es el medio de transporte alternativo ecológico más conocido y usado. Por un lado, es un vehículo libre de emisiones de CO₂; por otro, colabora con la prevención de las enfermedades cardiovasculares. También es recomendable el uso de los patinetes eléctricos, las motos eléctricas o scooters y los famosos hoverboards. Respecto al futuro, los coches eléctricos ya se posicionan como una elección de gran valor; cada vez se habilitan más puntos de carga para estos vehículos, que no contaminan y son muy respetuosos con el medio ambiente.

     

    1. Un uso más armonioso y sostenible de la tierra y el suelo, que son la base de la agricultura, donde germinan los alimentos vegetales con los que nos alimentamos, así como los cereales y pastos que consume el ganado. Se trata de fomentar aquellas prácticas que favorecen un crecimiento en el ámbito económico y social más responsable con el cuidado del planeta, que permite además su recuperación biológica. En ese sentido, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), pone el énfasis en que los recursos naturales no tienen que ser explotados y no pertenecen de manera exclusiva a una minoría dominante y privilegiada. En definitiva: la calidad de vida del ser humano no puede lograrse en detrimento de los ecosistemas, de ahí lo importante que es la apuesta por cultivos orgánicos y ecológicos. Frente a esa aspiración, la agricultura industrial está causando verdaderos estragos sobre el suelo: una explotación total o el uso abusivo de pesticidas y de productos químicos son algunos de los factores que más dañan la tierra. En un ámbito más personal, puedes empezar por la manera en la que cuidas tus plantas en la terraza o el balcón. Si tienes jardín, procura eludir el empleo de pesticidas y trata de no verter agua con jabón u otros productos químicos a la tierra; es mucho más ecológico emplear el sistema de drenaje urbano para deshacerte del agua que has empleado para fregar la terraza.

     

    Gastronomía ecológica y de calidad: el gran aporte sostenible de VIVOOD

    En VIVOOD nos comprometemos activamente con el cuidado de nuestro entorno. Esto se traduce en políticas activas de ahorro energético en la manera de configurar nuestro funcionamiento. También en los lazos que establecemos con el comercio local a la hora de abastecernos y servir productos locales de gran calidad, llenos de sabor. Practicamos, en definitiva, cocina de proximidad con ingredientes sencillos, frescos, ecológicos y saludables. Clica aquí para conocer de primera mano nuestras propuestas gastronómicas, caracterizadas por la filosofía slowfood y km 0, a través de las que promovemos una alimentación sana y sostenible.






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