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El Valle del Guadalest

Disfruta en VIVOOD del Valle de Guadalest
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Tiempo de lectura: 5 minutos

El valle del Guadalest o la belleza cromática de la primavera alicantina

El Valle de Guadalest, situado cerca de VIVOOD, se encuentra en la provincia de Alicante y abarca una extensión de dieciocho  kilómetros, que mayoritariamente son un vergel, dotado con una belleza extraordinaria, especialmente en primavera. Nos referimos a un espectáculo de almendros en flor que tiñen de tonos rosas y blancos uno de los enclaves con mejor reputación de toda la provincia de Alicante. En este artículo te explicamos con detalle los reclamos que ofrece esta zona. 

 

Belleza natural y legado histórico del valle 

Los almendros en flor en el valle de Guadalest cubren la zona de un cromatismo único. Suelen desplegar su brillo, a medio camino entre el rosa y el blanco, desde enero hasta mediados de marzo, como preludio inspirador de la llegada de la primavera, que es la mejor época para conocer este edén junto a la época de recolección, que se prolonga hasta mediados de junio. Ese suave olor a azahar que impregna los campos del valle fascina a quien tiene la fortuna de recorrerlos. Hablamos de un paisaje gobernado por el almendro, árbol típico del interior de Alicante gracias a la sequedad de su tierra caliza y el clima subtropical que propicia su desarrollo en esa zona.

 

El valle es un asentamiento predilecto para el ser humano, tanto es así que se han encontrado restos de poblaciones que datan de hace más de 7.000 años, correspondientes a la época neolítica. De la etapa prehistórica, por ejemplo, merecen especial atención las muestras de arte rupestre localizadas en distintos abrigos de La Vall. También se han encontrado restos muy valiosos que refieren la etapa ibérica y romana, como se ha podido constatar a través de diferentes yacimientos. De la época de dominación árabe, es muy estimable la arquería, cuyo origen se sitúa en torno al año 1.249.

 

Influencia árabe, enclaves casi imposibles

Ese rico legado cultural forma parte del encanto que ofrece el medio centenar de pueblecitos que se despliegan, de manera desperdigada, por las montañas colindantes. Los nombres de estos municipios delatan su pasado árabe. El mérito de estos enclaves radica en que están erigidos en medio de cumbres montañosas, caracterizadas por su abrupta geografía, en la que no es sencillo ni construir ni vivir de manera permanente. De cualquier manera, los encantos de este fabuloso valle compensan de sobra ese atrevimiento. Entre los atractivos de la zona está también el cauce del río Algar y el de su principal afluente, el Guadalest, que da nombre al valle, entre cuyos reclamos figura ofrecer la mayor producción de níspero de la Península Ibérica.

Características de la flora y fauna del valle

Podemos encontrar mucha variedad de especies arbóreas como carrascales, fresnos, arces, quejigos, tejos… También ofrece un muestrario fuera de lo común de árboles autóctonos, como la encina, el pino carrasco, el enebro, el acebuche, el olivo, el algarrobo o el palmito, que es el único tipo de palmera originaria del Mediterráneo y se trata de una especie protegida. Esa riqueza de flora queda de relieve también en el hecho de que en la Sierra de Aitana se han catalogado más de 1500 ejemplares de plantas superiores, lo que se traduce en que gran parte de esta sierra dispone de diferentes áreas protegidas por su interés botánico.

El Valle del Guadalest cobija también una copiosa variedad de especies de animales, entre las que se encuentran zorros, conejos, ardillas, tejones, comadrejas, jabalíes…

El Castell de Guadalest: pueblo de cuento

El Castell de Guadalest es el municipio donde mejor se puede apreciar la hermosura de esta parte de Alicante. Con una población de poco menos de 250 habitantes, sus calles, cargadas de historia, unidas a las increíbles vistas que depara la localidad al Mediterráneo y a las escarpadas montañas que lo circundan, han convertido este histórico pueblo en uno de los lugares más cautivadores de Guadalest. Seguramente su monumento más célebre sea su original castillo, desde el que se vislumbra el valle de Guadalest y su embalse. La importancia de este municipio queda de relieve por el hecho de que en 1974 fue declarado Conjunto Histórico-Artístico. Y es que esta localidad late en el corazón de este precioso valle, bordeado por la Sierra de la Xortà, la Sierra de Aitana  y la Sierra Serrella. Como horneado para un cuento, el pueblo es tan reducido como seductor. Se erige en la cumbre de un peñasco, gobernado por el ya citado castillo de Sant Josep -desde cuyos torreones se aprecia el Mediterráneo-. También es muy reseñable el puñado de casas blancas que lo conforman, que se alinean en una sola calle, así como su campanario blanco, que conforma, junto a los restos de la Alcozaiba, un horizonte muy especial.

Una vez en el valle hay que seguir de viaje entre sus hermosos paisajes, salpicados de fuentes, cumbres de las sierras de Aitana, Serrella y Xorta y coquetos pueblos que conservan sus nombres árabes: Benimantell, Benifato, Beniará… Un paisaje atravesado por el río Guadalest, de desigual ánimo en su cauce, condicionado por unas lluvias abundantes en otoño y en primavera, y por un verano seco. Corriente hídrica que atraviesa el paisaje del término municipal de oeste a sureste, hasta desembocar sus aguas en un embalse.

 

 

El valle como inspiración para Miró o Varela 

Por su relieve accidentado, en este entorno natural se extienden, en las zonas altas, los pinos y el monte bajo, mientras que en las laderas predominan las terrazas y en el valle se cultivan cítricos, y los ya mencionados olivos, algarrobos y almendros. Un paisaje, en suma, de ensueño, que ha captado la inspiración de escritores, músicos y pintores alicantinos de primer orden como Gabriel Miro, Óscar Esplá o Emilio Varela, en un tiempo en el que la belleza de este lugar sólo era conocida por las gentes que trabajaban sus tierras.

La paradoja del trabajo duro y el deleite sensorial 

A través de las obras de esos artistas, que nos invitaban a recorrer estos terruños, conocimos (conocemos) las fatigas cotidianas de sus campesinos, mientras aprendemos a saborear los matices que proceden de las viandas de su huerto y de sus corrales, cocinadas en fogones que han hecho historia. Un mundo bucólico para quien lo visita y áspero y sacrificado para quien labra la tierra y cría su ganado. Dicen que de esas paradojas están hechas las tierras que más inspiran de nuestro mundo.

Un enclave espectacular del que podrás disfrutar desde VIVOOD, donde te brindamos la oportunidad de conocer todas las maravillas del valle y de su historia.

 

 

 

 






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